viernes, 11 de marzo de 2016

El Beso del Dragón

  Hace ahora siete días cuando, a la luz del anochecer madrileño, Pablo puso fin a la pequeña comedia de amor con la que deleitó a todo el país desde la sede de la soberanía popular. Si no fuese por lo patético del hecho en si mismo, hasta podríamos haber reído con aquel esperpento a medio camino entre Valle Inclán y Corín Tellado, la reina de la fotonovela española allá por la década de los sesenta y setenta. Pareciera que el equipo de Pablo hubiera preparado su intervención en una sesión de "ouija" con la desaparecida escritora poniendo en escena una especie de "Cupido" parlamentario que desde el minuto uno asaeteaba con sus flechas a todas las bancadas intentando tejer lazos de amor donde pocos días antes había roto de manera intencionada los pocos que le unían con la sensatez y hasta con la calma gesticulante de su, al parecer fiel escudero, Iñigo Errejón.
   Cambió Pablo el tono,  quiso pasar del  agrio grito incendiario al dulce susurro de amor, pero a lo más que llegó fue a dejarnos  un sabor agridulce del gusto sólo de los amantes de la cocina china. Cambió las formas, su gestualidad llegaba a ser casi amanerada, resultaba forzada, probablemente producto de una lucha interior entre su ADN "barrabasero" y el guión mental que Errejón le había hecho interiorizar para no terminar de asaltar los infiernos, objetivo que casi había conseguido con su primera intervención del miércoles. Por cambiar, cambió hasta el color de la camisa, abandonando el blanco cal viva en beneficio de un tono rojizo indefinido a medio camino entre la franela bolivariana y el morado de la casa. Pero no era cambio todo lo que lucía, el fondo permanecía inalterable, los propósitos celestinescos no terminaban de ocultar sus verdaderas intenciones, conforme los minutos avanzaban resultaba más obvio que Lampedusa tambíén había participado en la mesa de guionistas, una especie de "jam session" perversa y descarnada donde se concluyó que el cambio en las formas era la mejor manera de conservar el mismo fondo, genial!!!! debió exclamar Irene Montero cuando
Iñigo terminó de explicar el proceso, solución esta de los cambios que no debió satisfacer mucho a Pablo que hacía tiempo que había abandonado la reunión para hacer varios canutazos en los pasillos y una media rueda de prensa que le ayudara a matar el tiempo de la espera, porque ya sabemos todos que él es más un hombre de acción que de ideas, y lo de cambiar el rock duro de "Barón Rojo" por los boleros de "Moncho" y las flechas del amor de "Karina", como que no le terminaba de convencer, pero bueno, donde hay Errejón no manda marinero....
 
   De todos los besos, que lanzó durante la intervención más hortera que recuerda el Diario de Sesiones de la Democracia, hubo uno donde Pablo, por unos segundos, volvió a las andadas. Fue en el requiebro amoroso al candidato a la investidura Pedro Sanchez. Fue la representación parlamentaria de un arte marcial muy conocido a raíz sobre todo del estreno de la película francesa "El Beso del Dragón", en la que el agente secreto chino interpretado por Jet Li se deshace de sus adversarios clavándoles una fina aguja en la médula a la altura de la base del cráneo. Muerte dulce y sin dolor simulando el beso del dragón. Pero para Pedro el método era "deja vu" después del master en supervivencia en el que se ha doctorado "cum Laude", y la cosa no pasó a mayores.
  Al que se veía feliz y disfrutando de este teatrillo, como él lo llamaría, era a Mariano. Lejos de sentirse despechado por no recibir los requiebros de Pablo, más bien se sentía agradecido porque aquel genuino espécimen de la nueva política, al que sólo el exceso de pudor de Jorge Javier había podido privar de un lugar bajo el sol del "Sálvame de Luxe", estaba a punto de concederle una beca como presidente en funciones para seguir  profundizando en el estudio del refranero español a través de la tradición oral, escrita y hasta en formato digitalizado, estudios que venía compatibilizando con  los de los bailes cortesanos de los Siglos de Oro, esperanzado en conseguir con ello algún día el premio "Principe de Asturias" de Ciencias Políticas, y todo gracias a esos chicos tan amables de la nueva política...

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