lunes, 7 de marzo de 2016

Cal viva?, o viva la cal!!

 Fue a finales de Junio pasado cuando tomé la decisión de silenciar este blog, cosa que no resultaba sencilla sobre todo si nos atenemos a su título, "Hablar en tiempos revueltos". La propia esencia de ese casi profético título reunía los ingredientes necesarios para convertir el mandato del silencio  en una especie de "misión imposible" por indeseada.
  No sé si fue la dolorosa y obligada convivencia con mis problemas físicos la que me llevó a callar o fue el olvido inconsciente de lo versos de Blas de Otero, "...si he perdido la vida, el tiempo, todo lo que tiré, como un anillo, al agua, si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra...", declaración de principios que encabeza este blog y a la que vuelvo,  convencido de que corren buenos tiempos para la palabra y los tiempos revueltos se apoderaron ya de nuestras vidas.
  Pienso que fue el reciente debate de investidura, y sus cuantiosos daños colaterales sobre la credibilidad democrática, lo que me ha impulsado a tomar el teclado por la fuerza y arrancar de nuevo esto, que no son sino conversaciones poco íntimas conmigo mismo.
   A mí, como al común de los mortales,, e incluso algunos inmortales de Somosaguas, léase por ejemplo Iñigo Errejon, nos sacó de la autovía,  del  tono lógico del debate parlamentario, el volantazo, que el conductor supremo del autobús morado dio en la primera curva de réplica, perdiendo todas las bondades con las que San Cristóbal, patrón de los conductores, le había bendecido la épica noche del 20D. Hay quienes aseguran que el pasaje aún no se ha respuesto de la sensación de vértigo , y a la prensa de hoy mismo me remito en sus crónicas sobre la salud del "podemismo ilustrado", en concreto esas turbulencias que azotan no sólo la periferia sino también ya el epicentro del proyecto político  de la "madraza" de Somosaguas, y es que la cal, señor Iglesias, perdón, Pablo, no se me vaya a enfadar, que todas las adicciones son respetables y la suya al tuteo mucho más, decía Pablo, que la cal es como un boomerang, que se vuelve contra quien la lanza. Apareciste Pablo exultante al tiempo que insultante, las dos caras de una misma moneda, la del egolatra perfecto, y además perdonavidas....algo que no conseguiría hacer olvidar ni el tono pretendidamente platónico, en su acepción más popular, que sacaste a bailar en tu intervención del viernes. Nunca vi manera más falazmente hortera de tomarle el pelo pelo a la soberanía popular, que es poliédrica por más que tú sólo la veas desde una innovadora fórmula de  pensamiento único.

  Yo entiendo que quien ha nacido y se ha criado entre los tonos grises y ladrillos rojizos de la gran urbe, se muestre incapaz de percibir la belleza profunda y clara de la cal cubriendo las paredes de los pueblos blancos de la provincia en la que disfrutó del lujo de vivir. Aquí, en estos pueblos, sabemos  mucho de cal, y de cómo los gobiernos de Felipe González devolvieron a sus habitantes la dignidad de los servicios público, la sanidad, la educación, la cultura...de cómo esos gobiernos crearon una red social lo suficientemente resistente a los efectos destructores de las políticas que los gobiernos anteriores habían puesto en marcha... Ahí es donde Felipe se manchó las manos de cal, esa cal que forma parte de mis nostalgias de la infancia, el recuerdo de mi madre ayudando a mis abuelos a apagar la cal viva para convertirla en la protección de sus casas humildes, esa cal que dignificaba la morada de los que poco tenían, en un tiempo en que la "solución habitacional" estaba cargada de la dignidad de sus fatigas pintadas de cal.
  Tú, Pablo, cuando se te llena la boca de cal viva, ahogando la sensatez de tus palabras, no sólo provocas, sino que lo que es peor aún, también evocas, evocas para muchas personas la peor pesadilla de la noche de los tiempos más recientes, haces aflorar sufrimientos sepultados a golpe de impotencia y nostalgia, en definitiva, haces que el dolor sea el precio que tengamos que pagar para que tú puedas escribir tu propia historia, esa que muchos no queremos escribir contigo.
 Y es que viendo tu impagable capacidad para pervertir la historia, no se puede estar más de acuerdo con aquel Gobernador de Illinois, que fuera dos veces precandidato demócrata a la Casa Blanca, el señor A. Stevenson,  cuando decía aquello de que " el poder corrompe, pero la falta de poder corrompe absolutamente". Quizás ahora podamos empezar a entenderte, que no a comprenderte.
  De la cara oculta de tu alma, la que sacaste a bailar el viernes, la empalagosa operación "Cupido", hablamos otro día.

1 comentario:

  1. Me alegro de tu regreso. Y que viva la cal que dignifica nuestros pueblos. Un abrazo.

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