domingo, 23 de junio de 2013

Olé Pepote...


Esta mañana mientras leía la entrevista a Pepe Rodriguez de la Borbolla en Diario de Sevilla me acordaba en algunos momentos de aquella canción que popularizaron en 1990 los integrantes del genial grupo sevillano No me pises que llevo chanclas, con Pepe Begines a la cabeza, y que llevaba por título Mi Torero tiene gafas. Porque en torero y de los buenos ha estado nuestro querido Pepote a la hora de enfrentarse a la variada temática de la entrevista, con perdón por la comparación, una corrida de Miura en solitario.

No rehuye en ningún momento los tres tiempos de su vida, un pasado cargado de responsabilidades políticas importantes que deviene en un cóctel de miel e hiel que es capaz de apurar sin inmutarse como si del cáliz de la Ultima Cena se tratara , un presente pletórico de la capacidad analítica de quien vió más de una vez aquella gran película de Mirando hacia atrás sin ira y convirtiendo su experiencia de ferviente taurino en instrumento con el que comparar la realidad política del tiempo que vivimos, y un futuro del que no se siente protagonista más alla de la posibilidad de aconsejar desde la experiencia vivida a quienes deben protagonizarlo, desde la plena conciencia de que los consejos se dan para, en bastantes ocasiones, no tenerlos en cuenta, pero debe ser su particular manera de entender el compromiso político para el tiempo venidero, tiempo que como el presente se adivina también revuelto.

Se convierte la entrevista, gracias a la complicidad tácita de periodista y entrevistado, en un ejercicio de aplificación que partiendo de la trayectoria vital del entrevistado es capaz de analizar la historia democrática, e incluso predemocrática, de España, Andalucia y el papel que el Partido Socialista ha jugado en ella sin rehuir el momento actual, cargado de dificultades obvias para nuestra organización política, para a partir de ahí formular el diagnóstico sin aventurarse en el ejercicio ególatra de formular el tratamiento.

Y de su afición taurina, de su indudable condición de conocedor del arte Cúchares, surgen algunos de los símiles que nos llevan a entender de manera clara el otro arte, el de la política, a la que considera como en los toros llena de tardes buenas, malas y regulares, pero nunca hay que perder la cara al bicho ni descomponer la figura. Se podía decir más alto pero no más claro, sobre todo en los tiempos que corren donde las tardes para el político estan llenas de pitos, almohadillas y en el mejor de los casos silencios, donde hay mucho torero temerario a la búsqueda de su oportunidad sin reparar que cuando se le pierde la cara al bicho lo más habitual no es salir por la puerta grande sino terminar en la enfermería. Porque como bien dice Pepe, y yo comparto, la política no puede convertirse en un simple ejercicio de mando, la política alcanza la plenitud de su mejor sentido cuando se convierte en instrumento para la búsqueda de soluciones a los problemas de los demás. Sostiene Borbolla, y yo comparto, que hay mucha gente que entiende que la política es el estatus del mando y la conspiración para simplemente conservar el estatus del mando, lo que no deja de ser a mi entender una mágnifica síntesis a la hora de definir la enfermedad endogámica que afecta a diario nuestra práctica institucional y política.

Señala otro mal de nuestros dias sobre el que yo también he reflexionado en este mismo blog, el carácter mucho más coyunturalista de los políticos actuales que sólo piensan en lo inmediato al tiempo que el adanismo sobre el que se instala cualquier proyecto de futuro. Dicho con sus propias palabras, el Nuevo Testamento sólo puede construirse sobre el Antiguo Testamento. Mágnifica reivindicación de nuestro patrimonio histórico que con tanta frecuencia olvidamos cuando nos instalamos en el toreo tremendista y en el coyunturalismo, y formulada sin ningún tipo de nostalgia personal como bien pone de manifiesto su última cita taurina de la entrevista, en política como en los toros la gente de mi generación está sólo para doce o trece corridas y ya no puede estar a la cabeza del escalafón. Por eso me acordaba de aquella canción de Los Chanclas que decía aquello de “mi torero tiene gafas, el mejor del mundo entero, dentro y fuera de la plaza...”. Va por usted, maestro...

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