domingo, 5 de mayo de 2013

Mi amigo Pepe y el dominio de las lenguas europeas

   Nunca pensé que el anuncio repentino de una visita inesperada de mi amigo Pepe me provocaría tal alegría rayando en el entusiasmo, hacía tiempo, mucho tiempo que no sabía nada de él, y su llamada me confirmaba que la duda permanente que me asaltaba sobre el fin de mi existencia política e incluso de la biológica era infundada, de ahí que mi reacción fuese tan distinta de la de otros momentos en los que la simple idea de soportar una conversación con  él me situaba en una ataraxia vital que para sí hubiera querido Andrés Hurtado en El árbol de la Ciencia, hasta el punto de no preocuparme lo más mínimo la buena nueva de la que quisiera hacerme partícipe.

   Su entrada fue algo inquietante para mi tanto por las formas, muy alejadas de su exaltación habitual, como por el fondo, que no alcanzaba a comprender en esos momentos. Cuando me preguntó cuántos idiomas dominaba pensé que un sentido del humor muy alejado de su habitual "ser y entender" la política se había apoderado de él en el tiempo que había transcurrido desde nuestro último encuentro hace ya bastantes meses, pero en el fondo me gustaba ese nuevo estilo tan alejado de la irritación y el improperio del que hacía gala. Pasó a comentarme que desde hoy, una vez conocidas las declaraciones de Griñán a la periodista Ana Pastor y a pesar de ser día festivo se habian disparado las matriculaciones online en las academias de idiomas por parte de muchisimos militantes del PSOE de Andalucía que tenian experiencia, capacidad, pero no conocimientos de idiomas para entenderse en Bruselas, y este último era uno de los tres requisitos que el Secretario Regional había señalado como necesarios en aquel socialista andaluz que quisiera presentarse a las primarias como Secretario General del PSOE de España. Mientras me contaba esto una sonrisa, que ni la Gioconda hubiera podido lucir, se apoderaba de su rostro, sabía ya que había conseguido despertar mi curiosidad malsana, esa que tanto me había costado enterrar a lo largo del último cuatrimestre a la búsqueda de una estabilidad emocional que había sufrido graves trastornos en el año del bicentenario. De ahí que le pedí sin más dilación que largara por esa boquita que en tantas ocasiones quise cerrar de forma nada amistosa.
    Me contó que El Periódico de Cataluña publicaba hoy una entrevista con nuestro Secretario Regional y Presidente federal en la que Ana Pastor lo había examinado hasta de la Enciclopedia Larousse, política nacional, regional y como no política orgánica, y que en este último apartado del que decía que no había que hablar, que no es bueno hablar de lo nuestro, había impartido un breve máster que Pepe consideraba, y aquí volvió a aparecer su acritud analítica, la política del "boomerang" y que me intentaba explicar con un tono cada vez más acelerado que le devolvía por momentos al Pepe de toda la vida. El anuncio de la posibilidad segura de que habría un candidato andaluz a la Secretaría General lejos de levantar la autoestima territorial le había sumido en un escenario futuro de confrontaciones internas, y por mucho que intenté convencerle de que no necesariamente tenía que ser así, que aunque el dominio de lenguas europeas cada vez está más extendido entre gente con capacidad y experiencia, también la capacidad de consenso y acuerdo era mayor entre los lideres del socialismo andaluz, afirmación esta que obtuvo una sonora carcajada como respuesta seguida de una disquisición cuya lógica fui incapaz de rebatir y que no era otra que su análisis sobre la última asamblea para elección de cargos que se acababa de celebrar en Almería capital donde para el puesto de Secretario general habían concurrido cuatro candidaturas, obteniendo la ganadora el cuarenta por ciento de los votos y derrotando a la candidatura del Secretario Provincial al que lógicamente apoyaba el Secretario Regional. Ante tan contundente alegato práctico contra mi bondadosa reflexión no tuve mas remedio que retroceder y preguntarle quién apoyaba en Andalucía al ganador, cuestión esta que recibió como respuesta tal gesto de prepotencia que decidí poner fin a la conversación alegando un dolor de cabeza que sólo pretendía enmascarar mi manifiesta inferioridad, cosa que me cabreaba hasta límites insospechados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario