lunes, 20 de mayo de 2013

Del voto cautivo a la fuga de votos


Los sondeos periodísticos siguen anunciando el fin del bipartidismo y lo hacen con una solemnidad cercana a quienes de siempre han anunciado el fin del mundo sean mayas, Nostradamus o la vidente del Canal 48. Que no corren buenos tiempos para los partidos mayoritarios no es ningun secreto de estado, hasta el ciudadano menos interesado por la política sabe que la acción de gobierno de unos, el Partido Popular; y el recuerdo de gobiernos de otros, el Partido Socialista, está dañando seriamente la fidelidad de voto de uno y de otro en beneficio de partidos como Izquierda Unida o UpyD, que en un caso, el de IU, se identifica más, al menos formalmente y en la política de gestos, con la demanda ciudadana, y en otro, el de UPyD, que juega al eclecticismo político sin importarles lo más mínimo un principio argumental coherente en el tiempo y en el espacio, un partido que ha hecho de su dualidad su principal rasgo identitario.

Bien es verdad que la realidad social en la que nos desenvolvemos a la hora de hacer política es bastante compleja, con numerosos elementos que como células durmientes despiertan cuando menos te lo esperas y producen conmociones insospechadas, tanto en lo que se refiere a la política externa, la que tiene como referencia a la ciudadanía, como en la política interna, la que atañe de manera más especifica al militante partidario. Y en ambas, la externa y la interna, los partidos mayoritarios tienen que hacer frente en estos momentos a situaciones extraordinarias en el fondo y en la forma.

De un lado el partido gobernante empeñado, probablemente desde la perspectiva de la burbuja de gobierno, en una doble cruzada, la económica, con graves daños en la estructura social de España, provocada por un seguidismo ciego de la estrategia germana y que raya en el entreguismo político, y la puramente ideológica, que pretende el retorno a las viejas esencias del nacional catolicismo. Y ambas, intimamente trabadas, están produciendo un resquebrajamiento progresivo de esa unidad monolítica que le llevó a la mayoría absoluta de la que todos somos víctimas. Suenan voces discordantes en la habitación del pánico en la que parece haberse refugiado el Presidente del Gobierno de España y también del Partido Popular, voces que en algunos casos como Madrid y Andalucía son gritos a pleno pulmón, voces que no sólo reclaman para sí el poder interno sino que también ponen de manifiesto los temores del futuro de bastantes cargos institucionales del partido gobernante, voces que en lo más profundo de la caverna popular cuestionan el elemento nuclear de la acción de gobierno, la política económica y fiscal, pero también voces silenciosas y gestos significativos que cuestionan algunas medidas de la Contrarreforma Popular como la modificación de la ley del aborto.

De estas breves pinceladas puede deducirse el cuadro surrealista ante el que el Presidente Rajoy se encuentra y cuya mera contemplación le lleva a saludarse a si mismo al inicio de su réplica en la comparecencia sobre el segundo Plan Nacional de Reformas, un cuadro que ha provocado en la Vicepresidenta Saénz de Santamaría la pérdida de sus mejores virtudes del inicio de legislatura hasta convertirse en una mera cronista de la actividad del Partido Socialista en sus intervenciones en la sesión de control, un cuadro que ha hecho que la sonrisilla prepotente del señor Montoro se haya tornado en rictus de amargura y preocupación probablemente no tanto por la contestación de sus políticas desde la oposición y la calle sino por los rapapolvos que se lleva en los organos internos del propio Partido Popular. En definitiva, un cuadro que empieza a ser la pieza más valorada del museo de los horrores de Mariano Rajoy.

Y del otro lado mi Partido, el Partido Socialista, A la Recherche du temps perdu, que diría Marcel Proust, pero eso queda para mi próxima entrada, que siempre dijo mi abuelo que no es bueno mezclar churras con merinas.....

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