sábado, 15 de diciembre de 2012

Gemma Araújo, tu nunca caminarás sola...

   Esta mañana mientras atravesaba ese milagro de la naturaleza que es el Parque Natural de Los Alcornocales y contemplaba el arco iris coronando sus cumbres verdes, mientras Fito en la radio proclamaba una y mil veces su maravillosa tozudez con "Me equivocaría otra vez", no podía apartar de mi mente la noticia que a primera hora había leído en la edición digital de "Diario de Cádiz": una nueva agresión a una concejala del Ayuntamiento de La Línea a la salida del pleno municipal. Esta vez ha sido Carmen, una mujer con voluntad de hierro atada a un compromiso intemporal con nuestras ideas por quien fue su compañero y el nuestro, y que fue capaz en honor a esa memoria de afrontar la dura tarea de ser concejala socialista en La Línea. Pero con ser dolorosa la agresión desgraciadamente sólo es una más de las que se vienen sucediendo en una ciudad donde los trabajadores llevan ocho nóminas atrasadas aunque desde hace nueve meses cobran la corriente. Vaya junto a mi solidaridad con Carmen la solidaridad también con los trabajadores municipales víctimas de una herencia, esa que tanto gusta de sacar a pasear el Partido Popular, recibida de ese híbrido político, de ese cóctel terrorífico para la vivencia democrática, que se conformó en la ciudad tras la caída del Gilismo y que saqueó la hacienda municipal como sí de un botín de guerra se tratara.

  Me acordaba también de Gemma, la alcaldesa, con la que más tarde he hablado para trasladarle por segunda vez en la misma semana mi solidaridad personal y política para con ella y sus compañeros y compañeras. Conocí a Gemma cuando era aún más joven y ejercía como secretaria del Grupo Municipal en unos tiempos en los que nuestro partido en la ciudad navegaba por las profundidades abisales  a las que lo había llevado la irrupción del Gil, al calor marbellí, y algunos errores propios del pasado. Fui testigo, tengo que reconocer que entusiasmado, de su paso a la política provincial donde se fue forjando de manera admirable en los asuntos públicos de la Justicia y el Medio Ambiente, al tiempo que en las tareas orgánicas de la dirección provincial del Partido como sí de un viaje inciatico se tratara hacia el lugar que el destino y su propia voluntad habían pactado, la Alcaldía de su ciudad, para lo que no tuvo ninguna duda en abandonar, por voluntad propia y con más de un año de antelación, su por  entonces más cómoda y prometedora condición de delegada provincial. Pero cuando la tierra tira nada es capaz de pararnos aún cuando lo que nos espera no sea el paraíso soñado sino más bien un proyecto de calvario asumido con voluntad casi masoquista.
    Poco imaginaba Gemma que en ese camino que intuía lleno de dificultades y que le llevó en el mes de Marzo, en plena celebración del Bicentenario de la Pepa con la presencia del Jefe del Estado, a encerrarse tras los barrotes de la Diputación Provincial junto a una parte de sus equipo de gobierno, para en un acto cargado de desesperación al tiempo que de firme esperanza conseguir abrir alguna puerta a la desesperanza de sus trabajadores, como decía, difícilmente podía intuir que se daría de bruces con la cobardía anónima de una amenaza de muerte de tintes mafiosos. Tengo que decir que cuando a mitad de semana pude hablar con ella me sorprendió su actitud serena, yo diría que profundamente valiente, y su sensatez para eximir a sus trabajadores de tamaña barbaridad. Está firmemente convencida de que la amenaza tiene su origen en intereses bien distintos de los trabajadores, en actitudes que se forjaron en otros momentos de la historia de la ciudad, cuando la integridad física de quienes se oponían al poder real nunca estaba garantizada.
   Ahora más que nunca La Línea se ha convertido en un escenario para recuperar el valor de la política, de la buena política, esa que dice que a la gente que planta cara a los problemas para mejorar la vida de los demás aún a riesgo de exponer la suya hay que ayudarles a sobrevivir en el calvario de una herencia no deseada pero real, y hay que hacerlo sin mirar ni la adscripción política ni las cercanías internas, cruzando compromisos propios y ajenos.
     Sólo decirte, a ti y a los compañeros y compañeros, en otro día triste para la democracia, lo de aquella canción del musical Carousel y que ha terminado siendo el himno que acompaña a un histórico del fútbol inglés , el Liverpool, :You'll never walkman alone, tu nunca caminarás sola...

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