sábado, 17 de noviembre de 2012

Los Idus de Marzo pasan a Noviembre

  En los últimos tiempo y de manera reiterada el concepto de lealtad sobrevevuela el espacio aéreo del territorio en el que políticamente paso mis días y en algunas ocasiones parte de mis noches. Y ha sido en los últimos días cuando esa palabra de tan ético significado se ha prodigado de manera casi exhaustiva en conversaciones, declaraciones y manifestaciones publicas de muchos de mis compañeros y compañeras, a veces reprochando su ausencia, otras veces en forma de exigencia conminatoria y en algunas ocasiones, las menos, situándola en el eje central de nuestra necesidad política, y fue tal vez el oír hablar tanto de ella, en las mil y una formas posibles, lo que me llevó a recordar ese pasaje memorable que motiva la trama argumental de una magnifica película americana del pasado año, "Los Idus de Marzo", título que en si mismo contiene la semilla de su antítesis, la deslealtad, que viene a ser como el ingrediente principal de un plato,que no se si como el de la venganza se sirve también frío, y que no es otro que el de la traición a los tuyos, a quienes confiaron en ti y te pusieron a trabajar a su lado.
     La película en su argumento central bebe de las fuentes milenarias de la conspiración que costó la vida a Julio César como bien reconoce su propio título y podría convertirse en manual obligado en la programación de las escuelas de formación de las organizaciones políticas, mas que nada para poner de manifiesto los riesgos a los que conducen comportamientos como los de el joven Stephen Meyers, para mi, la pelicula en si es un tratado completo de patología política lo que me ha llevado a verla íntegramente en tres ocasiones como quien se aprende de memoria el código de circulación en un intento de no morir atropellado. Pero entre todos sus momentos, uno que no me resisto a reproducir casi literalmente, la,conversación entre el director de la campaña del candidato a presidente, Paul Zara, y su ayudante el joven Meyers, dice Zara :sólo hay una cosa que valoro en este mundo, la lealtad, sin ella no eres nada y no tienes a nadie, y en la política, en la puta política, es el único valor en el que puedes confiar, por eso he decidido echarte, no porque no seas bueno, no porque no me caigas bien, pero valoro mas la confianza que la capacidad y ya no confió en tí.  Quizás ests palabras fuera de su contexto en la sucesión de hechos que se narran en la película puedan perder parte de su valor, de su fuerza moral, pero estoy convencido de que quienes la han visto pueden interpretarlas en la plenitud de su significado literal y moral.
     Por eso me duele escuchar en ocasiones apelaciones a la lealtad que no son más que pretextos con los que encubrir la debilidad del desleal, por eso me resulta insoportable su exigencia por quienes se hallan  instalados desde hace bastante tiempo en la otra orilla, la de la deslealtad, por eso no entiendo que quienes tienen la autoridad moral y política para pedirla no lo hagan bajo el pretexto de una falsa paz, donde a la menor oportunidad en que intuyen debilidad te llueven los cohetes desde el otro lado de la franja,  donde los que manejan los lanzacohetes también son de los tuyos. En esto, como en nuestra película de referencia,  la deslealtad intenta cobrarse cabezas a cambio de no culminar en traición. No se puede permitir que los Idus de Marzo se trasladen a Noviembre, habría que doblar la película al catalán y tenemos poco mas de una semana para ello. El gobernador Morris no puede aceptar el chantaje del senador Thompson porque esto no son las primarias del Partido  Demócrata americano ni de lo que hablo es de una película, por ahora....

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