jueves, 1 de noviembre de 2012

En la muerte de Juan Pérez Silva

  Ayer, en la tarde noche, cuando regresaba de Madrid,  recibía la triste noticia, había muerto Juan Pérez Silva, un hombre y un nombre que para mucha gente no era conocido pero que para nosotros, sus amigos y conocidos, significaba mucho, era la memoria viva de un crimen atroz, el que se perpetró contra un pueblo indefenso, el nuestro, Casas Viejas, allá por los primeros días de enero de 1.933, un crimen que nunca hemos olvidado ni podremos olvidar, un acto de violencia brutal del aparato de la seguridad del estado contra unos campesinos que luchaban por su subsistencia, una vieja historia que puede cambiar de escenario y de personajes con los tiempos pero que se repite de cuando en cuando en algún lugar de nuestro mundo.

   La marcha de Juan es aun más dolorosa por cuanto nos deja una tarea inacabada. Se había convertido en un baluarte vivo de la defensa de la memoria histórica, esa que algunos quieren sepultar en nombre de supuestas reconciliaciones que sólo buscan mitigar el clamor de sus negras conciencias. Juan ha sido memoria viva de unos hechos que nunca debieron producirse y que marcaron su vida en primera persona al tiempo que el devenir histórico de nuestro pueblo. Siempre estuvo junto a nosotros aunque su vida transcurría en San José  del Valle adonde su profesión de trabajador de la Confederación del Guadalquivír le había llevado, un pueblo cuya travesía principal luce en su parterre central una bellísima sucesión de rosales floridos que nacieron de las manos y el trabajo de Juan, en esa vertiente desconocida para muchos de los que le conocían de amante de las flores, esas mismas flores que cada 11 de Enero depositaba en nuestro cementerio a los pies de quienes perdieron la vida en aquellos días negros de la historia de España, con un una sola excepción que permanece guardada en mi corazón y que nunca olvidaré, la de 2008 cuando me pidió colocar sus rosas blancas en la tumba de mi mujer que había fallecido seis meses antes, nunca podré olvidar ese gesto que de manera quizás inconsciente me ataba para siempre a su noble objetivo, encontrar los restos de sus padres, Miguel Pérez, periodista del sindicato anarquista, y María Silva, la Libertaria, aquella hija de nuestro pueblo a quien la rabia fascista no perdonó haber salvado su vida milagrosamente en la choza en la que murieron muchos de sus familiares.
   De la búsqueda incesante de la memoria de sus padres, de la exigencia de justicia que reparara de una vez por todas el doble crimen cometido y le proporcionara la paz interior de la que nunca pudo disfrutar, había hecho Juan Pérez Silva una especie de lucha personal que se hundía en lo más profundo de sus tiempos infantiles, aquellos que marcaron su trayectoria vital y que le llevaron a no olvidar, sin odios, sin rencores, pero con una perseverancia férrea, que nunca las ideas distintas pueden ser un pretexto para la muerte.
  Hoy Juan, la gente que compartimos contigo tantos momentos emotivos, no te podemos decir adiós sino hasta siempre amigo, y yo que tuve el honor de tenerte entre nosotros en tantas ocasiones en nuestra lucha por recuperar nuestro pasado, tan reciente como trágico, te pido que descanses en paz porque trabajaremos con los tuyos hasta reparar la herida que abrió en tu cuerpo de niño la espada de la intolerancia más cruel, aquella que referida a tus padres te haría rememorar en muchas ocasiones los versos de Miguel Hernandez: " No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos, y siento más tu muerte que mi vida ". 

2 comentarios:

  1. Los que seguimos vivos, mayores y no tan mayores, debemos seguir el trabajo inacabado de Juan. No debemos olvidar el pasado para no repetirlo en el futuro. Hay mucho trabajo por hacer, a pesar de los contínuos obstáculos que nos y seguiremos encontrando. Descanse en paz Juan.

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  2. Me uno a tu pena por la muerte de Juan. Las pocas veces que hablé con él siempre me pareció un hombre esencialmente bueno en su sentido más machadiano de la palabra. Mi más sentido pésame a su familia y amigos.

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