sábado, 10 de noviembre de 2012

A Rouco Varela, no me mueve, mi Dios, para quererte...

   Algunos acontecimientos de orden familiar me han mantenido alejado estos días de este blog, pero hay otros acontecimientos fuera de mi esfera personal que me han hecho volver a él aunque mi animo no sea el mejor en este momento, tanto por lo más cercano como por lo que rodea mi propia vida pública. Me sorprende, no por inesperado sino por reiterarlo en momentos en los que vivimos, la homilía del Cardenal Arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Espiscopla el señor Rouco Varela en su homilía con motivo del día de la Almudena. No hablan los periódicos de que el Cardenal se refiriera a los grandes dramas que viven los españoles, los de su grey y los que no lo son, porque de todo hay en la viña del Señor, y sobre todo en estos momentos muchos parados y desahuciados.
Pero no son esas las preocupaciones del principal referente de la Iglesia Oficial en nuestro pais, a lo mas que llegaba su aliento a quienes viven tan dramática situación era a ofrecer oraciones por quienes estaban perdiendo sus viviendas. Bien es verdad,  y es de justicia reconocerlo, que hay una iglesia de base que trabaja todos los días no con oraciones sino con acciones para paliar ese drama social que es como una pescadilla que se muerde la cola, que te leva a perder tu empleo para después perder tu vivienda y tu capacidad de subsistencia vital. Me sorprendía que Monseñor abogara por dar a todos los niños la seguridad de poder vivir con su padre y con su madre en la medida de lo realmente posible. Buen matiz este último, en la medida de lo realmente posible, porque en las actuales circunstancias Monseñor  el paro de los padres hace imposible en ocasiones  lo que usted plantea, el desempleo rompe familias provocando la inseguridad de lo hijos, y el desahucio separa con bastante frecuencia al padre de la madre y a ambos de los hijos, o no ha visto usted como uno marcha a la casa del abuelo paterno, otro al del materno y los hijos se convierten en involuntarios pasajeros de un terrible tiovivo familiar. Con lo fácil que sería que usted impusiera como penitencia redentora a sus feleigreses banqueros qué dejaran de romper familias como las de Amaya en Baracaldo, Manuel en Burjassot o José Miguel en Granada, para que esos padres y madres pudieran haber ofrecido a sus hijos la seguridad que usted tan angelicalmente pide. Usted y su iglesia oficial están muy preocupados por ver con quien se acuesta cada cual y nada les importa que cada cual tenga un lugar donde acostarse, a usted le preocupa más que el Tribunal Constitucional haya validado la ley que garntiza como derecho lo primero y se despreocupa de lo segundo que es que otras leyes estén permitiendo que cada día cientos de familias sean expulsadas de sus casas cayendo en la exclusión social que si es un riesgo real para padres madres y para esos hijos que a usted parecen
preocuparle tanto. No puedo por más que recordar aquellos versos anónimos del soneto: "No me mueve,  mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte".

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