lunes, 20 de agosto de 2012

Vuelva usted en Septiembre

   Recuerdo en estos días aquellos tiempos universitarios en los que a finales de junio o principios de julio la frase más temida era aquella de "vuelva usted en septiembre".  Oir estas palabras provocaba en quien las oía  un sentimiento de decepción con fuerte carga de de culpabilidad al tiempo que abría en nuestro horizonte vital más inmediato una puerta a la incertidumbre que desembocaba en ese mes híbrido de inquietudes y felicidades, de fríos y calores, de idas y vueltas. Volver en septiembre era la constatación más evidente del trabajo mal hecho, del tiempo perdido a cuya búsqueda deberíamos dedicar todos nuestros esfuerzos,  a los que deberíamos hacer un hueco entre nuestras inciaticas experiencias veraniegas ya que de lo contrario corríamos el riesgo de que septiembre se convirtiera en la estación término de multitud de experiencias compartidas. Y es que como diría Mariano, algunas veces pensamos sólo en lo material y olvidamos que tenemos alma y sentimientos y eso es bonito y te reconforta. Ya me hubiera gustado a mí tener en aquellos tiempos un "gurú" como Mariano, más de una angustia vital me habría evitado y desde luego otra bien distinta habría sido mi visión de la vida veraniega, y es que debíamos ser un poco imbéciles al preocuparnos tanto de aprobar asignatura tras asignatura, curso tras curso, para conseguir una titulación universitaria que nos permitiera abandonar las inquietudes estudiantiles y sumergirnos de golpe y porrazo, a los que tan acostumbrados estábamos, en esa tragedia materialista del mercado de trabajo.

   Hacía año, muchos años, que volver en septiembre no tenía esas connotaciones negativas que hoy tiene en lo individual y en lo colectivo. Agosto no está siendo más que una parada momentánea en esa carrera imparable hacia la deconstrucción social con la que este Gobierno quiere entrar en el libro Guinness de los récords. Parece que los mercados, esos entes aparentemente abstractos, le han dicho al señor Rajoy y a su gobierno aquello de "vuelva usted en septiembre", palabras desprovistas de todo materialismo y cargadas de ese alma y esos sentimientos que tanto reconfortan a Rajoy por obra y gracia no de la Virgen del Rocío sino de sus más directos colaboradores, el "reformista" Montoro y  el "intermediario en rescates" De Guindos. Puestos a elegir yo me quedo con las palabras de Cernuda: "Volver? vuelva el que tenga, tras largos años, tras un largo viaje, cansancio del camino y la codicia, de su tierra, su casa, sus amigos....". Porque la vuelta a la que Mariano nos lleva no es como la poesía,  "un arma cargada de futuro", más bien se trata de una vuelta a la angustia colectiva de los "viernes cargados de Consejos de Ministros", una vuelta a la incertidumbre vital de los que tienen que esperar, en ese "corredor de la muerte" de los cuatrocientos euros, el perdón del gobernante, una vuelta a convivir con la prima de riesgo y el Ibex 35 que se han mostrado repetidamente eufórico-depresivos y con un biorritmo que simula el gráfico de una etapa alpina donde el conjunto de la sociedad está a punto de sufrir la " pájara definitiva".
    La verdad es que tengo mis dudas, no sé si volver con Mariano ó quedarme a vivir en la idílica experiencia almonteña, porque ya está bien de tanto materialismo y ha llegado el momento de reivindicar el alma y los sentimientos, que puestos a comparar son tan inmateriales como "los mercados", y eso es bonito y te reconforta.....

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