domingo, 29 de julio de 2012

Gallardón: un ministro desde el púlpito

    Hubo un tiempo en que se extendió la especie de que Alberto Ruiz-Gallardón era la cara amable del PP, su valor mas centrado, la cara oculta del progresismo popular. Ayudó mucho a crear esa imagen sus continuos enfrentamientos con la señora Aguirre, cuestión que los asesores de Gallardón quisieron convertir en diferencias ideológicas cuando no eran mas que batallitas encaminadas a hacerse con el control del PP en la Comunidad de Madrid y alguna aspiración inconfesable de mayor calado, cuando no eran  otra cosa que más de lo mismo, el nivel de conservadurismo de Gallardón y el de Aguirre se parecen tanto como una gota de agua a otra. Y a las primeras de cambio lo hemos podido comprobar, el nombramiento de Gallardón como Ministro de Justicia ha hecho aflorar sus instintos básicos ideológicos que tienen como linea argumental la deconstrucción de los derechos y libertades que tanto tiempo y tanto esfuerzo costaron, la careta de progresista se le ha caído a golpe de declaración de intenciones y proyectos legislativos en materias que afectan a todos los españoles y españolas pero en especial a las mujeres.

    Hace algún tiempo escribí en este mismo blog una entrada en la que comentaba como con este Gobierno la misoginia se había apoderado del valor de la política y se había convertido en una constante en la acción de gobierno del Partido Popular que había encontrado en Gallardón el abanderado ideal para tan perversa cruzada. Durante toda la semana me he resistido a escribir sobre el anuncio de modificación de la ley del aborto, por razones obvias podía caer en el sentimentalismo demagógico, dejarme llevar por mi sufrimiento pasado y perder la objetividad necesaria para hablar d un tema tan serio como este por cuanto afecta a los derechos fundamentales de las mujeres españolas. Pero conforme ha ido avanzando la semana hemos ido conociendo determinados detalles sobre las intenciones del ministro al respecto, y cuando he leído esta mañana que la única causa de aborto reconocida legalmente será el posible daño sicológico de la madre ya no me he podido resistir y no sólo como socialista, como diputado en el Congreso que votaré en contra de cualquier modificación, no, lo que provoca mi reacción es mi condición de padre de un niño que nació hace veinticuatro años y que falleció a los tres días a causa de sus malformaciones congénitas que no pudieron ser detectadas con los procedimientos de diagnostico prenatal existentes en aquellos tiempos. La madre no vive hoy para contarlo, pero yo si puedo hacerlo con todo detalle si el señor Gallardón tuviera a bien incluirme en su comision de expertos, yo si puedo hablarle de daños sicológico en una madre que durante nueve meses había alumbrado una esperanza inútil, en una madre a la que la naturaleza le había jugado una mala pasada en su primer mes de embarazo y que desgraciadamente no pudimos descubrir hasta después del parto. No puede el Sr. Gallardón imaginar el daño sicológico de la madre, como sufrió hasta que dos años más tarde nació nuestro siguiente hijo. Por eso, cuando se produjeron las modificaciones legales que poco a poco flexibilizaron las condiciones para facilitar el aborto y profundizar en los derechos de las mujeres, Lola y yo nos sentimos un poco más liberados de nuestros fantasmas del pasado.
    El ministro Gallardón, en esta y otras materias, ha decidido que el Gobierno legisle desde el púlpito en lugar de desde la calle, entendiendo esta como el lugar común de todos, y la verdad es que el Gobierno se ha puesto en ello con inusitada energía en esta y otras materias que afectan a los derechos básicos de hombres y sobre todo mujeres. Son incapaces de hacer frente a la crisis económica y social y parece que eso les ha llevado a una tarea menos épica solucionar la "crisis moral". Gallardón se ha convertido en el delegado de la Conferencia episcopal en la Moncloa, en un gobierno que en materia de derechos ciudadanos, incluyendo los educativos, ha decidido gobernar desde el púlpito pero por el rito tradicional, con la misa en latín y el sacerdote de espalda a los fieles, así no es fácil percibir los daños sicológicos y mucho menos los sociales.

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