viernes, 11 de mayo de 2012

Un día en las carreras

   Estoy sorprendido de como se está extendiendo el amor por la hípica entre muchos compañeros del partido en la provincia. Fué todo comentar el pasado lunes, en mi entrevista en la Cadena Ser, que me encantaba una serie que ponían en Canal Plus sobre el mundo de las carreras de caballos, producida y protagonizada por Dustin Hoffman, y que lleva por titulo Luck, y ponerse la gente a querer a los caballos más que a su propia familia. Contaba yo ese lunes que en esa serie nunca había visto que el caballo que se ponía en cabeza en la salida llegara a ganar la carrera, que casi siempre ganan aquellos que salen por detrás, que mantienen el ritmo de la carrera con velocidad de crucero y que aprietan en el momento justo, en el tramo final de la carrera. Me preguntaba tambien el periodista que donde estaba mi caballo favorito y la respuesta fué sincera, mi caballo estaba todavía en el establo.

   Al hilo de esto comenté también lo interesante que son desde este punto de vista las retransmisiones que hace Teledeporte de las carreras desde el hipódromo de la Zarzuela, porque además de esa estética tan fresca, tan relajante para los tiempos que vivimos, del verde primaveral de las pistas, está también el colorido tan peculiar de las indumentarias de los jinetes y como no la esbeltez de la figura de los caballos, uno de las especies más hermosas del mundo animal, aún mås cuando están en pleno esfuerzo final y vistos a cámara lenta, toda una escenografía para el disfrute de los sentidos. Y además se pueden hacer apuestas y eso siempre es excitante cuando de acertar el ganador se trata y muy reconfortante cuando tu apuesta es la acertada, de ahí aquella expresión tan apropiada en muchos ámbitos, también en el político, de apostar a caballo ganador, aunque algunas veces te arrepientas de haberlo hecho y de haber ganado porque les va mejor a los que apostaron a caballo perdedor  porque los caballos ganadores con bastante frecuencia suelen ser muy poco dados al agradecimiento.
   Por eso me gustan los caballos, por eso me encantan las carreras, por eso envidio tantas veces a aquel Roberto Redford de "El hombre que susurraba a los caballos". Cual no seria mi sorpresa cuando dos dias más tarde leo en un periódico provincial que dos importantes representantes municipales de mi partido, uno hombre y otro mujer, ambos jóvenes y sobradamente preparados para la renovación, se habían encontrado oficialmente para hablar de caballos y para intercambiar opiniones sobre el futuro de la hípica en la provincia. No podía dar crédito a lo que leía y la foto que veía, era la confirmación de que son gente preocupada por el futuro de sus pueblos, por los problemas de sus gentes, por la economía de sus ayuntamientos, y sobre todo, gente convencida de la importancia de la hipoterapia para la solución de todos estos problemas. En un primer momento me sentí muy contento de que hubiera compañeros jóvenes que compartieran el amor por la hípica de este veterano en los saltos de obstáculos. De hecho uno de los espectáculos mas emocionantes que he vivido últimamente fué la ultima edición del Grand National, esa impresionante prueba de esfuerzo, resistencia y velocidad donde prácticamente nunca el favorito ha ganado en su ya centenaria existencia.
    Y es que no hay nada como combinar unas singulares carreras de caballos con olor a mar y una buena partida de polo para darte cuenta de como el caballo une, de como es capaz de aglutinar voluntades en torno a una idea común, ganar, vencer en la prueba, aunque con frecuencia y por desgracia hay muchos que se pasan de fusta y terminan pagándolo caro, normalmente quienes cometen este error suelen ser los jinetes menos experimentados que se han visto en cabeza en la salida.
   Y me gustaría recordar también como el caballo ha dado dias de glorias al séptimo arte, baste recordar "Hidalgo, océanos de fuego" con Viggo Mortensen, la anteriormente señalada de "El hombre que susurraba a los caballos" con Robert Redford o la clásica "Un día en las carreras" de los hermanos Marx, o magníficos spots publicitarios como aquel de Marlboro que me convirtió para siempre en un adicto a la nicotina por su belleza y plasticidad, impresionante aquella manada de caballos salvajes conducidos por rudos vaqueros americanos. Como para quitarse del tabaco....

1 comentario:

  1. Anímate Paco, cualquiera de nosotros, ha perdido más que tú

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