viernes, 6 de abril de 2012

"No rebuscaré comida en la basura..."

   Terrible epitafio, "no rebuscaré comida en la basura", quizás involuntario o tal vez plenamente consciente, el lanzado por el farmacéutico griego de setenta y siete años que decidió poner fin a su vida de un disparo en la cabeza en la plaza Syntagma de Atenas. La muerte voluntaria como única puerta abierta de ese callejón sin salida al que la voluntad de unos pocos, los llamados mercados, las autoridades monetarias, están llevando a tantos ciudadanos de la Europa contemporánea. Mientras la orquesta de los mercados sigue tocando ese terrible "Más cerca de ti, Señor", este gigantesco "Titanic" social de los ciudadanos europeos empieza a hundirse sin remisión. Cuentan las estadísticas que desde el comienzo de la crisis en Grecia los suicidios han aumentado un cuarenta por ciento y que sólo la prohibición de la Iglesia ortodoxa de enterrar en sagrado a los suicidas es capaz de suavizar tan macabra cifra, a tenor de lo que en el día de hoy publica el diario El Pais.

    ¿Qué está ocurriendo? ¿Cómo la desesperanza ha podido invadir tan profundamente el territorio del presente haciéndonos dudar que otro mundo es posible y en ocasiones asegurándonos que el futuro es imposible? No hay explicación ni respuesta razonable a ese sentimiento que sin pretenderlo se ha hecho presente como si de un indeseado común acuerdo se tratara entre tanta gente en la vieja Europa. Nuestras calles, la de nuestras ciudades y ya también nuestros pueblos, están llenas de quienes se aferran al último clavo ardiendo de rebuscar comida en la basura, de quienes se resisten a tirar la toalla, de quienes han encontrado en la solidaridad social y en la asistencia pública una puerta entreabierta por la que escurrirse del victimario social a la espera de que una tempestad de indignación les traiga la consiguiente calma. De ahí la importancia de resistir,de conservar la dignidad de ciudadanos, de defenderla a gritos teñidos de desesperación, convencidos de que ya no es suficiente aquel "no nos moverán", porque entre otras razones, ya no hay de donde movernos, una parte cada vez más importante de nuestra sociedad tiene un pie en el abismo y nadie puede permitir que caigan a pies juntilla.
    Por eso quienes tiene la responsabilidad de gobernarnos no pueden contarnos milongas, no pueden hablarnos de nerviosismo de los mercados, para nerviosismo el de quienes cada día se ven abocados a perder un poco más de los que fueron, no pueden hablarnos de volatilidad de los mercados, porque para volátil la vida del farmacéutico griego y de tantos ciudadanos anónimos que han pagado la crisis con sus propias vidas, las físicas los menos, las espirituales los más. Nadie puede pensar que se calma el nerviosismo de los mercados a base de incrementar el nerviosismo de los desesperados, nadie puede pensar que todo será mejor cumpliendo aquella vieja máxima neoliberal de los dos tercios sociales que pusieron en practica algunos líderes europeos en la década de los noventa como la británica Margaret Tatcher, entre otras cosas porque el segundo de los tercios está cayendo del lado de los más débiles socialmente y así no hay gobernante al que le salgan las cuentas.
    Y llegados a este punto es cuando resulta del todo incomprensible que estemos conociendo en estos dias la propuesta presupuestaria que el Gobierno ha presentado. No sólo de ajustes y recortes puede vivir un gobierno, y sobre todo cuando la mayor parte de esos recortes tienen contenido social,entonces quienes no van a poder mantener la dignidad de personas serán un numero importante de nuestros conciudadanos. Porque sin solidaridad social no es posible la convivencia a medio plazo, en ocasiones incluso a corto plazo, porque sin inversiones y estímulos al crecimiento reales no es posible parar la sangría del desempleo, porque la amnistía fiscal, ya lo dije dias atrás, no puede ser el engañabobos presupuestario que nos haga centrar nuestra atención en el dedo que señala a la luna y no en la propia luna. Así no....

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