domingo, 22 de enero de 2012

UN NUMERO, UN SOLO NUMERO PUEDE CAMBIAR TU VIDA EN LA TOMBOLA DE LUZ Y DE COLOR

 Corría el año 1.962 cuando Pepa Flores, por aquel entonces Marisol, protagonizaba una de sus mas famosas películas de aquella época infantil que en España se estrenó con el título de "Tómbola" y en Hispanoamerica con el de "Los enredos de Marisol". En dicha película la niña actriz interpretaba una canción que se convirtio en una de las más conocidas de su repertorio: "La vida es una tómbola" y cuyo estribillo se hizo muy popular "la vida es una tóm.., tom..., tómbola de luz y de color..". En muchas ocasiones a lo largo de mi vida, y no sé por que extraños e inexplicables mecanismos mentales que te conducen de manera involuntaria a esos momentos del pasado en que fuiste feliz, ese estribillo me ha ayudado a ver las cosas bajo un prisma positivo, sobre todo en esos momentos en que se producen los apagones vitales y la gama cromática del presente se reduce al negro, ahí, en esos momentos, mis neuronas me recuerdan que la vida es una tómbola de luz y de color donde la mayor parte de las veces la suerte no está contigo pero has podido experimentar ese subidón de adrenalina que provoca la espera, papeleta en mano, del número agraciado.

   Y es que los números marcan nuestra vida nos guste o no nos guste y la prueba más evidente la he tenido dias atrás, concretamente el pasado veintidos de diciembre, cuando se celebraba esa gran tómbola de ilusiones colectivas que es el sorteo de Navidad, desde ese dia nunca olvidaré el valor de un número, de un insignificante número, porqué un número, sólo un número puede cambiar muchas cosas. Nunca olvidaré que ese día el premio gordo de la lotería correspondía al 58.268, tampoco olvidaré nunca que el que guardaba en mi cartera era el 57.268, como para no acordarme de Marisol y de la cancioncita.... Por un número, por un sólo número no conocí la experiencia de darle un susto millonario a la hipotéca de mi casa y a la cuenta de los estudios de mis hijos, por un sólo número perdí la oportunidad de salir en los periodicos por algo bien distinto de lo que estoy acostumbrado a hacerlo, en definitiva, por un sólo número no pude sentirme ganador en esa tómbola de luz y de color, eso sí, gané los ciento veinte euros más amargos de mi vida, tan amargos que los he condenado a no ser gastados bajo ningún concepto por indeseados e indeseables aunque los he cobrado para no dejarselos al señor Montoro y que contribuyeran a aliviar el déficit de las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular.
   Hace algunos dias en algún otro sorteo al que no quería jugar, sin niños de San Idelfonso que extrajeran las bolas, he visto como otros pasaban por lo que yo pasé en el sorteo de Navidad, un número, un sólo número les dejó sin premio gordo, tuvieron que conformarse con la pedrea y esperar al próximo sorteo... Por si les sirve de algo les quiero trasladar la conclusión a la que yo había llegado, mientras haya salud.... Y es que el que no se consuela es porque no quiere.....

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