domingo, 8 de enero de 2012

ANTES DE ENTRAR DEJEN SALIR

  Siendo joven, en uno de mis primeros viajes a Madrid, me fui directamente a conocer el Metro que en aquellos tiempos era un privilegio del que sólo disponian Barcelona y la propia capital del Reino. Conocer ese mundo suburbano era una experiencia interesante para quiene viviamos en la España de provincias, el Metro era una ciudad bajo la ciudad, un mundo lleno de urgencias trepidantes donde nadie se paraba ni para mirar el trazado de la lineas y las estaciones como si ese ir y venir bajo tierra estuviera mecanicamente memorizado, era una vida sin vida, sin tiempo para el conocimiento ni la contemplación, era quizás el escenario donde el ser humano mostraba de manera más clara su condición robótica aunque todos tenian un destino al que se arribaba por unas escalerillasque te devolvian la condición de ser humano cognitivo al contacto con la luz del dia  y en contadas ocasiones de la noche.

  De todo lo que allí pude contemplar me llamó sobremanera la atención una frase que se repetía vagón a vagón y cuyo significado e intecionalidad tardé poco tiempo en comprender, ANTES DE ENTRAR DEJEN SALIR. Cuando la marea humana, llena de urgencias vitales, se precipitaba sobre las puertas de los vagones a la búsqueda deseperada de una oportunidad para seguir avanzando, la frase adquiría todo su valor, se convertía en el grito de guerra de quienes querían abandonar su lugar de privilegio en el interior del vagón y buscar escaleras arriba un soplo de aire fresco. Siempre me llamaba la atención la actitud deseperada de quienes querían entrar frente a la resignada beligerancia de quienes querían salir. Esa trepidante batalla inútil que se repetía cada cinco minutos en cada puerta de cada vagón era un espectáculo digno de análisis en su extrapolación al conjunto de la experiencia vital de quienes cada día habitan la ciudad en superficie.
  En nuestro partido vivimos en estos momentos "experiencias metropolitanas" que nos deben conducir a la estación del futuro donde el contacto con la luz del día nos devuelva al sentir colectivo de la ciudad en superficie. Mientras tanto sólo veo gente que transita mecanicamente por los dias previos, algunos iuncluso se han reservado ocho vagones como si se tratara del "Andalucia Express", otros se han saltado los controles de acceso al tren de la felicidad en nombre de la "emoción" y transitan de okupas por las salas de espera de las estaciones. Todos buscan un lugar en los vagones del tren que les devuelva a la superficie, todos siguen ignorando la frase que resume el principio básico de la salvación colectiva: ANTES DE ENTRAR DEJEN SALIR, mucho me temo que así el tren quede irremediablemente en via muerta

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