lunes, 26 de diciembre de 2011

DICE UN AMIGO QUE LOS MANIFIESTOS LOS CARGA EL DIABLO

   Vivimos tiempos de manifiestos, no cabe duda, ya llevamos dos y como dice el refrán mucho me temo que no hay dos sin tres. Pero los manifiestos no son nada sin los firmantes, aquellos hombre y mujeres que los llenan de factor humano, que les dan vida, que los convierten en armas cargadas de guerracivilismo, que los hacen parecer propuestas puramente maniqueas de buenos y de malos. Hay en estos tiempos muchos manifiestos en busca de autor, más que muchos manifiestos, yo diría que muchos firmantes en busca de manifiesto como en la magnifica obra de Pirandello.

   Quizás algunas citas del prefacio de "Seis personajes en busca de autor"  nos ayudarian a entender esa necesidad perentoria que corroe el tranquilizador principio de que siempre detrás de la tempestad viene la calma en nombre de profundas  transformaciones  necesarias para adecuar nuestros principios políticos a la demanda ciudadana.
   Cuenta Pirandello: "... la Fantasía se divierte llevando a casa, para que yo componga relatos, novelas y comedias, a la gente más insatisfecha del mundo: hombres, mujeres, muchachos, vinculados a extraños problemas de los cuales no saben como librarse; contrariados en sus proyectos, frustrados en sus esperanzas, y con quieneS, en fin, de verdad que es muy fastidioso conversar.
   Fantasía, tuvo hace ya muchos años la perversa inspiración o el desafortunado capricho de llevar a mi casa toda una familia.... Me encontré a un hombre que rondaba los cincuenta años, vestido con chaqueta negra negra y pantalón claro, de un aire tenso y de ojos malhumorados por alguna mortificación; a una pobre mujer con vestido de luto, que agarraba con la mano a una chiquilla de cuatro años y con la otra a un niño de poco más de diez; a una muchacha osada y procaz, también vestida de negro pero con una ostentación equívoca y agresiva, toda ella una crispación arrogante e incisiva dirigida contra aquel viejo mortificado y contra un veinteañero que permanecía aparte y ensimismado, como si despreciara a todos.
   Aquellos seis personajes...o bien uno u otro, pero con frecuencia uno desautorizando al otro empezaban a contarme sus tristes asuntos, cada uno gritando sus razones, aventandome en la cara sus descontroladas pasiones....
    Sólo puedo decir, que sin saber que los había buscado, me encontre delante de aquellos seis personajes, tan vivos como para tocarlos, como para oirlos respirar...Y aguardaban, allí presentes, cada uno con su secreta tortura y unidos por el nacimiento y desarrollo de sus mutuos percances, que yo los introdujera en el mundo del arte, haciendo de ellos, de sus pasiones y de sus casos una novela, un drama, o por lo menos, un relato...habian nacido vivos y querian vivir....
   He querido representar seis personajes que buscan un autor. El drama no alcanza a escenificarse precisamente porque falta el autor que buscan, y se representa en cambio la comedia de su inútil tentativa, con todo lo que tiene de trágica por el hecho de que estos seis personajes han sido rechazados...Es necesario ahora comprender ´qué rechacé de ellos; no a ellos mismos, obviamente, sino a su drama, que sin duda le interesa sobre todo a ellos, pero que no me interesaba a mi en absoluto por las razones expuestas..."
   Qué hubiese pensado Pirandello si los seis personajes hubiesen firmado un manifiesto reivindicando su derecho a encontar un autor? Probablemente no habría pensado nada y les respondería con una mirada de arriba a abajo entre escéptica y displicente.

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